Está
siendo una temporada extraña en el Atlético de Madrid. Tras la segunda final de
Champions League perdida contra su máximo rival en tres años, parecía que se
avecinaban cambios. Afortunadamente para los aficionados colchoneros, sólo
fueron futbolísticos. Tras poner en duda su continuidad en el club, Simeone
decidió apostarlo todo por una idea que llevaba tiempo rondándole la cabeza.
Iba a cambiar lo que parecía inmutable, el estilo del Atlético de Madrid, su
sello, un paso adelante sin posibilidad de vuelta atrás, como se ha visto
posteriormente.
Con
Koke en la base del centro del campo de forma permanente, Griezmann con
libertad absoluta y Yannick Carrasco creciendo en protagonismo, el Atlético
mostró un gran fútbol que se comenzó a traducir también en buenos resultados. El
Atlético vencía, convencía, y empezaba a asustar. Pero llegó el ogro de siempre
para aguar la fiesta. El último derbi que verá el Estadio Vicente Calderón se
saldó con una exhibición del Real Madrid culminada con un contundente 0-3. Y
Simeone volvió a verlo todo negro. Pensó que mejor malo conocido que bueno por
conocer, e intentó que el Atlético de Madrid fuese otra vez el equipo defensivo
y aguerrido que había llegado a dos finales de Copa de Europa en tres años.
Pero ya no se podía.
La
lesión de Augusto Fernández y la edad de Tiago Mendes han dejado sin un
mediocentro puro al Cholo, y sin esa piedra angular, junto a la baja forma de
Godín, la defensa posicional del Atlético no parece impenetrable. Además, hay
otro motivo para el punto de no retorno. Los jugadores del Atlético han visto
que hay otra forma de competir, probablemente más divertida para algunos de
ellos, quizás más apropiada para la confección actual de la plantilla. Simeone
les ha enseñado un nuevo juguete a sus niños, y tras dejarles jugar un rato con
él, y ver que era realmente entretenido, se lo ha quitado.
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El hat-trick de Cristiano decidió el último derbi del Calderón |
Tras
un tiempo en tierra de nadie, postergando la decisión, a Diego Pablo Simeone le
toca elegir. Elegir si lo más conveniente para el equipo es entregarse a un estilo
más ofensivo, aceptando intercambios de golpes y partidos abiertos, o fiarse de
su defensa posicional, el oficio de sus veteranos y su capacidad de
sufrimiento. Y en la primera parada importante de este camino hacia la
decisión, aparece un viejo conocido para los colchoneros, el Bayer Leverkusen
de Roger Schmidt. Tras
una temporada tremendamente irregular, ocupando la octava posición de la
Bundesliga, pero sin haber perdido ningún encuentro de la fase de grupos de la Champions
League, los alemanes llegan a la eliminatoria tras dos victorias consecutivas
en liga, con la ilusionante explosión del adolescente Kai Havertz y la puntería
de Chicharito como principales argumentos.
El
equipo de las aspirinas ya no es tan radical como habían sido todos los equipos
de Roger Schmidt hasta la fecha. Mantiene su voluntad de presionar a todo
campo, con fases muy agresivas, pero cuida más lo que deja atrás de cara a la
posterior transición defensiva, especialmente con Lars Bender (duda para hoy)
en el campo. Consecuentemente sus fases de dominio ofensivo no son tan
avasalladoras como en años anteriores, y en los encuentros abiertos suele
partirse en un 6+4 que le permite protegerse atrás sin perder potencia de fuego
arriba.
Ha
demostrado tener muchos problemas ante equipos que le obligan a sacar el balón
desde atrás y que eligen bien la altura a la que presionar, algo en lo que el
Atlético de Madrid sobresale. Los tramos de acoso de los rojiblancos sobre la
salida rival suelen dar frutos, especialmente en los grandes partidos, por lo
que es presumible que Simeone prepare algo contra el Bayer. Especialmente
importante en esta fase suele ser Kevin Kampl, ya sea actuando desde el doble
pivote o acercándose desde la banda. Es habitual ver al eslovaco solo con los
dos centrales atrás y todos los demás miembros del equipo alemán por delante, y
esa situación puede ser muy jugosa para el Cholo.
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Gameiro y Torres llegan con buenas sensaciones al partido |
En
el otro lado del campo cabe destacar el peligro del desborde de los, en
principio, extremos titulares, Karim Bellarabi y Julian Brandt. Ambos son
rápidos, se mueven muy bien por distintas zonas del campo y tienen un desborde
muy imprevisible, con salida a ambos perfiles. Y para aprovecharse de lo que
logren producir estos dos está Chicharito Hernández, en gran momento de forma
tras dos dobletes consecutivos en los dos últimos partidos. Y es que el
mexicano tiene un nuevo socio, un joven de sólo 17 años de los que merece la
pena apuntar su nombre en la libreta y subrayarlo bien fuerte. Kai Havertz es
un zurdo de gran planta (1’86 m.), con mucho dinamismo, calidad en la
conducción e intuición para el pase, pero que destaca especialmente por su
calma (y acierto) a la hora de tomar decisiones. Uno se olvida rápidamente de
que ese chico que lleva tres asistencias en los últimos dos partidos no es ni
siquiera mayor de edad. Tiene aura de potencial superestrella de la Copa de Europa.
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Kai Havertz se ha consolidado como mediapunta titular |
Poniendo
todo esto en una balanza, Simeone marcará el rumbo de su equipo en esta
eliminatoria, y consecuentemente, durante el resto de temporada. El dominio
ofensivo exhibido en ciertos tramos de sus partidos contra Madrid y Barcelona
hacen pensar que tal vez la opción con un techo más alto sea la de desatar su
caudal ofensivo y dañar así a un Leverkusen débil atrás. Aunque alimentar las
posibilidades de un equipo que disfruta tanto de los partidos rotos como el
Bayer puede ser un gran peligro. Y es que ninguna competición penaliza tanto el
error como la Champions League, con lo que un planteamiento de mínimos podría
tener mucho sentido si se ejecuta bien. Al final, Simeone tendrá que decidir cómo
afrontar el camino de 7 partidos que tiene hasta su objetivo, que no es otro
que coronar la vitrina de trofeos del Atlético de Madrid con la ansiada Copa de
Europa.
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